jueves, junio 08, 2006

Crónica de Viaje

Ahuashiyaco: “Aguas que ríen”


No son tan imponentes como las Cataras Iguazú, ni tan famosas como Las Cataratas del Niagara, pero es una joya en medio de una montaña, que suele verse como una hermosa cadena de cristal fino, en el cuello de una bella mujer. Así la Catarata de Aguashiyacu cruza el cuello del Cerro escalera, porque la selva es prodigiosa, sabia y generosa con su belleza.

Muchos manifiestan que de no ser por el Cerro Escalera, Tarapoto sería un infierno por el calor. Y la Cordillera Escalera sería sólo un cerro verdoso y silencioso sin la Catarata de Aguashiyacu, por eso significa “Las aguas que ríen”.

Cerro Escalera y Ahuashiyacu, son una dualidad. Es la conjunción de una dama con su más preciada joya. Llegar a ella es rápido y sencillo, que hasta un motocarro te puede llevar, sólo te demora 45 minutos. Si vas en auto, 25 minutos, para ponernos al pie de la catarata.

Al encontrarnos en parte de la selva alta, nos damos cuenta que la bondad de las cordilleras selváticas, para darnos una idea y observar, como nacen los caudalosos ríos, que son las suma de cientos de quebradas que bendicen la selva baja y que muchas veces causan estragos. Son las fuentes de agua dulce, la bendición de la humanidad, en un mundo donde el agua dulce empieza a escasear.

La subida

Para entrar a los dominios de la Catarata, tienes que pagar dos Nuevos Soles, y escalar el escarpado trayecto. El caminito es angosto, y por tramos muy empinado, En épocas de lluvias hay que tener cuidado, pues el fango te puede causar problemas, y las rocas se vuelven resbaladizas en esta tupida vegetación. Es muy hermoso estar en ese ecosistema en donde hasta los bichos se presentan de una bella forma. Ver las filas de hormigas montañesas, los saltamontes y los reptiles deambulando en su mundo, no hacen más que enfrentarte a una naturaleza armónica y casi celestial.

Escuchar los trinos de las aves, y sentir el suave viento en tu rostro, hacen que te olvides por algunos momentos de la alocada civilización que dejamos abajo. Aquella que amenaza con subir a devorar y romper este equilibrio. Al menos ya han lo están haciendo con la cuenca baja de la quebrada de Aguashiyacu.

Conforme avanzas por el medio de la montaña, una bulliciosa y alborotada catarata te da la bienvenida, y las gotitas de agua te bañan suavemente. Ya estas en el corazón de la montaña y en la naciente de una larga quebrada, que es vida para muchas especies, que lo largo de su trayecto encuentras.

En el Corazón

Estar frente a frente con la Catarata de Ahuashillacu, te hace sentir mínimo, y no haces mas que doblegarte ante la impresionante caída de sus aguas (Treinta y cinco metros) en una fuente rocosa, turbulenta, turbia y fría. Pero como casi todo en la selva es un encanto, no haces más que ceder a la frialdad y la alborotada poza que ha formado la caída de las aguas. Es un paraje raro y de singular belleza.

Sus frías aguas, hacen templar los nervios, decía un visitante, y baya que si. Sentir la caída de sus aguas, son hidromasajes verticales, que hacen despertar a los más dormidos sentidos.

Debería adecuarse esta poza, para dar comodidad y seguridad a los visitantes que llegan darse un friolento chapuzón, o a retratarse a los pies de esta impresionante caída de agua. Cualquiera no se puede aventurar a rodear la poza si correr riesgo de lastimarse, se necesita mucha habilidad.

Luego del chapuzón, el descenso es en silencioso, hay paz y alegría, como si hubiésemos armonizado con aquel ambiente, donde los bichos, aves, y otros animales menores entran en comunión para vivir en armonía.

Al llegara la carretera, te esperan nuevamente las movilidades, que te llevarán a restaurantes cercanos, para dar rienda suelta a tu apetito, estimulado por la Inmersión en el medio de “las aguas que ríen”.


Datos: Tarapoto también es conocida como “tierra de cataratas”, porque cuenta con la mayor cantidad de caídas de agua, que cualquier otro departamento del Perú.

No hay comentarios.: