sábado, junio 17, 2006

Género

No Más Natachas


Luego de soportar el culebrón, en televisión, prensa y radio, sobre el "asesino del martillo", que mató a una adolescente y dejó en estado de coma a una empleada doméstica, en adelante las llamaré "Trabajadoras de Hogar", fue tratado hasta el hartazgo. Como siempre los medios, lo enfocaron por lo policial, sin dar la importancia adecuada a otra de las víctimas, que hoy como siempre, ha quedado olvidada.

A través de este informe, queremos rescatar y dar a conocer la importancia que tienen estas mujeres, a las que despectivamente les llamamos "natachas", "servilletas", "criadas", "muchachas", "sirvientas", "domésticas", "niñeras", etc. Y que son las verdaderas administradoras del hogar, cuando las empleadoras trabajan.

Cuando comencé a reflexionar sobre la realidad de las trabajadoras de hogar, no me imaginaba lo profundo y complejo que significaba esta situación laboral, en nuestro país. Más adelante se verá que es una constante en casi toda Latino América.

Existen puntos de vista jurídico, sociológico, económico y hasta antropológico. No vamos a ser necios de enfocar todas estas perspectivas; pero haremos un enfoque general que nos permita tener una apreciación global del problema:

La empleada doméstica está bastante desprotegida y constituye una actividad donde se destaca crudamente la discriminación contra las mujeres. La desvalorización social de las tareas del hogar, que tradicionalmente son de responsabilidad femenina.

El problema de la violencia hacia las mujeres es enorme y preocupante. No hay respuestas fáciles, y un sector social o gubernamental no puede resolver solo; con sensibilidad y compromiso, pero puede comenzar a cambiar.

Promover un desarrollo que sea económicamente eficiente, sostenible en cuanto al mejoramiento de las empleadas del hogar en forma equitativa en términos sociales y humanos, requiere reorientar los esfuerzos en el ámbito de desarrollo, para corregir las desigualdades con las que se enfrenta la mujer en su inserción a la dinámica económica.

En este mismo rubro, no les tienen en consideración, si bien es cierto sus ingresos salariales son reducidos, la cantidad de trabajadoras que existen en muy grande, y el consumo que producen en importante. También es significativo en los países latinoamericanos y del Caribe, sin embargo el Producto Nacional Bruto y las Cuentas Nacionales de Ingreso no incluyen el valor del trabajo de las empleadas de hogar y actividades afines.

Para dar respuesta a la demanda de equidad de condiciones para el desarrollo humano, dentro del marco de un desarrollo sostenible, los gobiernos deberían considerar que los planes de acción y estrategias incorporen la perspectiva de género en los distintos programas y actividades que apoyan al desarrollo.

Ellas son

El trabajo doméstico es imprescindible en la marcha de nuestras sociedades y gran parte del esfuerzo que se invierte en realizarlo es de las mujeres. En tanto proceso de trabajo, puede ser entendido como el conjunto de actividades "cuyo objeto es la producción de bienes y servicios para satisfacer las necesidades de los miembros de una unidad doméstica" (texto reproducido de la revista Taxi)

Las empleadas de hogar, un problema social grave, y uno de los motivos se inicia en una común situación de sobrevivencia de familias imposibilitadas de criar a numerosos hijos e hijas, que entregan sus hijas a otras familias con mayor poder adquisitivo. Problema que se presenta principalmente e las zonas rurales de nuestro país, donde la crisis se ha vuelto crónica.

El trato es que éstas las eduquen, vistan y alimenten a cambio de la realización de tareas domésticas. La explotación de estas niñas es frecuente, muchas veces son maltratadas o atendidas de manera insuficiente. Las "criaditas" (llamadas así porque sus padres lo entregaron para que las críen) no perciben ningún salario, suelen recibir vestimenta y calzados "heredados" de las hijas de los patrones, y a menudo son objetos de abuso sexual por parte de los hombres de la casa.

¿CIUDAD igual PROGRESO?

Por otro lado, se observa que del 100% de y trabajadoras de hogar, el 90% son de origen provinciano, especialmente del interior del país, y las ciudades se han convertido en un polo receptivo de jóvenes, que ven en las ciudades una oportunidad de progreso y éxito.

Al migrar a las ciudades el problema se profundiza. Frente a una realidad nueva, diferente, desconocida, se dan cuenta que sus únicas herramientas y habilidades, son las labores del hogar, por lo que se ven obligadas a pedir trabajo en la única área para la cual han sido "entrenadas": la del servicio doméstico.

Por ejemplo en La Libertad se observa gran cantidad de empleadas del hogar provenientes de la sierra liberteña y cajamarquina.

El maltrato

Diferentes instituciones tutelares, manifiestan que el maltrato a las empleadas domésticas es un fenómeno recurrente en América Latina, que en muchos casos ocurre porque las propias mujeres no tienen conocimiento de sus derechos, y en muchos países no hay ni una legislación clara que las proteja.

Entre estos atropellos, además del acoso sexual en el trabajo, se incluyen exigencias de los empleadores de certificaciones de esterilización o de uso de métodos anticonceptivos, así como pruebas de embarazo como requisito para contratarlas, y hasta la actualidad persisten condiciones inequitativas y violentas para millones de empleadas de hogar en América Latina.

Hay discriminación por las características étnicas. Si son "cholas", indias o negras, las consideran inferiores, y las tratan de sucias, mal olientes y tercas. Y los maltratos con mayor ponzoña los hacen las familias pudientes, que bajo la premisa, yo te pago más, te abuso más.

El maltrato, es común en el trabajo doméstico, con frecuencia va más allá de los insultos y se convierte en abuso físico. Así también el acoso sexual es parte de las constantes denuncias que hacen las mujeres empleadas del hogar. Organizaciones como las ONGs. que trabajan con mujeres, registran altos índices de casos de embarazadas, otras que son obligadas a abortar, o son despedidas con el hijo en las entrañas.

El trabajo de las Empleadas del Hogar a través del tiempo ha ido denigrándose poco a poco, ahora es visto como el peor trabajo que pueda realizar una mujer después del trabajo sexual, al respecto la antropóloga Mary Goldsmith, colaboradora de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar señala que "el servicio doméstico ha bajado en importancia frente a otras ocupaciones como fuente de empleo para las mujeres en la mayoría de los países de América Latina, sin embargo, todavía es una de las principales ocupaciones "femeninas" en la región".

El daño

El asunto es que estamos haciendo un enorme daño cultural. Sabiendo que las mujeres son las transmisoras naturales de la cultura, saben de la alimentación, la medicina, las tradiciones, crían a los hijos y transmiten los valores. Sin darnos cuenta que una formación campesina es rica en valores de responsabilidad y respeto, veneración al trabajo y con una alta responsabilidad de desarrollar diferentes actividades como cocinar, lavar, cuidar a los niños, limpiar, organizar, etc.

Son las empleadas del hogar las que reemplazan a las mujeres que salen de la casa a realizar otras labores. Se quedan a cargo de la casa y el cuidado de los hijos y de la diversidad de menesteres hogareños, de los que ellas se desentienden, Y éste es un aporte importante, que ni las mismas mujeres a quienes reemplazan las valoran, al contrario en su mayoría despotrican y minimizan a esta trabajadora del hogar.

Objetivos rotos

Luego de enfrentarse a la realidad, son pocas las que logran cumplir sus sueños y sus objetivos por los que vinieron. Pero la mayoría, trata de sobrellevar una vida de marginación, de frustraciones y amarguras. Buscan así un escape a su nostalgia, que sólo junto a personas que tuvieron los mismos sueños, ahora rotos, tratan de olvidar por un día su cruda realidad: trabajo aislado, sin solidaridad, lejos del hogar y de la familia propia.

Allí surgen las polladas, las fiestas "chicha", donde dan rienda suelta a frustración, con trago, música y junto a otros muchachos, ya sufridos que le ofrecen un poco de cariño, se sienten que todavía valen. Se entregan, se embarazan, y terminan abandonadas o viviendo en los populosos distritos. Fin del sueño.

Lo legal

Al abocarnos a escudriñar las condiciones legales en que se desarrolla este trabajo en nuestro país; nos damos cuenta de lo desfasadas, que sorprenderían a cualquiera con sentido común. Comparado con los derechos de cualquier trabajador peruano, ellas no tienen seguro maternal, no tienen horarios claros, no pueden enfermarse, y si sucede, la patrona no tiene obligación de albergarlas, pueden echarlas a la calle, los honorarios mínimos corresponden mucho menos a de cualquier otro trabajador.

Cuando en otros países como Bolivia, Chile, Costa Rica, España, entre otros, ya cuentan con un marco jurídico establecido que garantiza y respalda la labor de las empleadas del hogar, en el nuestro nos enmarcamos en un Decreto Supremo Nro. 23 que data de 1957, "Beneficio de las trabajadoras domésticas" y un Decreto Supremo Nro. 002 -TR del 10 de mayo de 1970 "Trabajadoras al servicio del hogar".

Nos preguntarnos, cómo una ley puede permanecer desfasada tantos años; cuando los sistemas económicos y sociales evolucionan en forma vertiginosa. Ahora la migración del campo - ciudad es espectacular y la edad promedio de trabajo es menor que hace 30 años.

Al acercarnos al Ministerio de Trabajo, para recoger estadísticas nos damos con la sorpresa, que no llevan una estadística, por la sencilla razón que no hay una ley o una disposición que exija al empleador inscribir a la trabajadora en esta institución.

Al leer estos Decretos Supremos, encontramos vacíos enormes, por ejemplo, que una empleada doméstica puede estar a prueba 15 días y si no cumple con las expectativas se la despide sin aviso previo, y sin oportunidad de permitirlo mejorar, porque no existe en nuestro país una academia para empleadas del hogar.

Así mismo; en otro de sus artículos exponen los motivos para despido, y están justificados, pero no dicen nada de las sanciones para los empleadores que abusan sexualmente, psicológicamente a estas empleadas.

Encontramos que el D.S. 002 de 1970, con una generalización de la ley, como lo que se les exige a la empresa privada, cuando todos sabemos que la situación de las empleadas del hogar pertenece a un régimen especial, y hay que tratarlo con mucho más cuidado y responsabilidad.

En estos momentos existe un Proyecto de Ley, que intenta acercar esa brecha histórica que existe en el Derecho Laboral con las empleadas del hogar. Una ley que en forma urgente y necesaria sea actualizada, que permita promover y dar mayor libertad para su sindicalización y la adopción de los beneficios sociales, dentro de un marco legal que permita la supervisión.

Esperemos que el señor congresista Antero Flores Araoz, que puso como uno de sus estandartes electorales, a las empleadas del hogar, las populares "natachas", para que el proyecto de ley prospere y beneficie a miles de adolescentes y jóvenes, que dedican parte importante de su vida al desarrollo del hogar.

En resumen, esta es una labor con una diversidad de implicancias que escarban las llagas de esta sociedad que prefiera dar vuelta ante muchas realidades, aunque se declare progresista y abierta. La realidad es más cruda de lo que se reconoce, pero tarde o temprano esto debe mejorar, y soñar con un sindicato y un marco legal que les permita cumplir los sueños rotos.


César Blas Florián - Perú

No hay comentarios.: